¿Has visto este vídeo-experimento de Mayoral? Deja de manifiesto cómo los niños y niñas se inclinan más a establecer relaciones que los adultos. Piensa, por un momento,  en los peques cuando van al cole. ¿Les dirías que no hagan amigos? ¿Que al cole no se va a hacer amigos? ¿Por qué en el mundo adulto está tan presente esa coletilla? No voy al trabajo a hacer amigos. 

Pues yo sí. De hecho conservo grandes amistades de mi paso por diferentes empleos y me siento encantada porque así haya sido.

Pienso que esta creencia de no hacer amigos responde al miedo. Miedo a que nos hagan daño, a que se aprovechen de nuestra buena fe, a que “nos roben” conocimientos, a que nos superen en alguna habilidad y eso nos haga sentir celos, envidias, rechazo.

Yo creo que TODOS, en el trabajo, son tus amigos. Con los que te llevas bien, porque compartes momentos deliciosos. Con los que te llevas mal, porque reflejan algo de ti que puede ser  trascendido y superado. Claro que para ver esto hay que ser muy valiente, desviar el dedo acusador hacia uno mismo y realizar un gran trabajo de honestidad. ¿Qué me está mostrando esta persona que tengo en mi propio infierno?

Hay quien dice que cuando no estás a gusto en tu empleo, te vayas. Yo te digo: quédate. Quédate y aprende, supera tus miedos, tu inseguridad, tu apatía, hazte valer y busca el estado de paz. Cuando llegues a él, si tu trabajo ya no te aporta realmente y descubres que así es, vete. Pero si te vas en guerra, volverás a repetir tus mismos patrones en la siguiente empresa. Buscarás y buscarás, pero siempre estarán los jefes rancios, o los compañeros trepas, o los clientes pesados. Porque se trata de ti, de tus pensamientos con respecto a toda esa gente.

El mundo cambiará difícilmente pero tú podrás decidir cómo te afecta. Podrás dar todo lo que llevas dentro porque hoy el éxito está en compartir información, no en ocultarla. El éxito es dar con bondad, no para aparentar, ni parecer mejor, ni hacer creer a los demás que eres bueno o buena. El verdadero éxito es dar a raudales porque sabes que el tesoro es lo que das, no lo que recibes. Y que las recompensas llegan cuando tienen que llegar, no cuando tú pretendes controlar.

Yo sí voy al trabajo a hacer amigos y amigas. Pero para conseguirlo, tengo que primero hacerme amiga de mí misma…

 

 

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