Imagínate que alguien llega a tu vida, mostrando la cara fácil y divertida del Amor; alguien que crees que pondría tu mundo “patas abajo” y cuya compañía podría significar la presencia de ese compañero que alguna vez soñaste. ¿Sabes que es lo primero que pensarías? No puede ser perfecto, algo tiene que esconder. 

Así es, esa es la idea que atesoramos la mayoría de los humanos, aunque el post parece más dirigido a las mujeres porque, he de reconocerlo, lo del “príncipe azul” da mucho juego para empezar a quitar mitos y aterrizar en la realidad.

Creemos (hombres y mujeres) que somos incompletos y que alguien vendrá a llenar ese supuesto vacío que parece existir. Pero nuestras creencias en la escasez, que son las que generan esta sensación de vacío que intentamos llenar con Amor, adicciones y entretenimientos varios, no nos permiten creer que la vida sea generosa con nosotros, por eso nos afanamos en buscar dónde está lo malo que nos merecemos, el castigo que hemos de pagar.

Pareciera que gobierna en nosotros una idea de no merecimiento, de no ser suficientes, y esto lo ponemos de manifiesto cada vez que nos juntamos con un príncipe o princesa gris, que viene a confirmar todas nuestras creencias. Así, por un lado, aunque sufrimos con el “maltrato”, nuestra mente errónea también se queda un poco tranquila porque complacemos sus pronósticos. ¿Ves?, ya te dije que algo malo debía tener...

La causa de nuestros vaivenes emocionales, de juntarnos con personas que luego definimos como tóxicas, solo obedece a dictados internos, a ideas preconcebidas sobre el amor, que supuestamente nos debe hacer estar continuamente en estados extremos: si no es en euforia, en desgracia. Parece que no nos merecemos la felicidad, bailamos desde la sensación de culpa por no saber elegir a nuestros cónyuges hasta la proyección de la culpa en el otro por todo lo que nos hace.

¿De verdad queremos la felicidad? ¿En serio queremos hacer el cambio de mentalidad para tomar conciencia de que nos la merecemos? ¿Queremos ser felices o seguir teniendo la razón, afirmando que somos víctimas del amor, que todo nos sale mal, que todas las personas son inadecuadas? ¿Queremos tomar el compromiso o preferimos seguir cómodamente echando la culpa a la vida, al mundo y a las circunstancias?

 

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