Quien vive apegado a algo tiene el mismo problema que quien lo rechaza sistemáticamente.

Has establecido un juicio de valor y has hecho de él un ídolo. Esto puede suceder en infinidad de ámbitos pero tomemos como ejemplo la relación con el cuerpo. La persona que vive obsesionada con sus cuidados y la persona que los rechaza sistemáticamente, son víctimas de la misma creencia: lo han considerado un ídolo que las hace sentir especiales, por encima o por debajo de la media.

Soy especial porque mi cuerpo está “sobre cuidado” o soy especial porque mi cuerpo está descuidado. El caso es que mi necesidad de posicionarme ha tomado el control y creo que debo mantenerme fiel a ese estatus que me hace sentir “parte de”.

En ambos casos estamos actuando desde el miedo a que nuestro cuerpo luzca de una determinada manera y eso condicione o establezca quién soy con respecto al mundo.

¿Necesito ser la que se cuida? ¿La que se descuida? ¿O no necesito ser nada?

Ser nada, para el mundo en que vivimos, es una terrible catástrofe. Nuestra mente racional funciona a golpe de etiquetas, y si no puedo encasillarme en algún lugar, parece que entro en pánico.

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